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José Apaza expone nuevamente en León. Esta vez 20 acuarelas ¡Estupendas todas! con las que demuestra su absoluto dominio de la técnica y una sensibilidad que aflora con naturalidad sin rebuscarse.

Es de los artistas cuya originalidad no ha sido adquirida a costa de esnobismos, feísmos y extravagancias que tanto abundan en este campo como único recurso.

Hay que tomar en cuenta que los temas propuestos por Apaza no son más que un pretexto para involucrar al espectador, como él mismo ha sido involucrado en un estado anímico que podría paragonarse con el de la meditación, pero para el caso lo mismo sería una anciana sentada en una banca de fierro o cualquier otro tema que en su momento provoque la misma sublimación emocional.

Apaza rescata ese estado de ánimo en que la melancolía se transforma en serenidad, el silencio es su constante, silencio que no quiere decir ausencia de vida, quietud que para nada es falta de vitalidad, porque sus personajes son reales, están vivos y palpitan en la elocuencia de manos y rostros llenos de vida interno. Personajes sufridos y trabajados con los que Apaza se conmueve, se compromete y no tiene más remedio que amarlos porque se identifica con ellos.

Los recursos ópticos de que hace gala son de gran singularidad y como muestra tenemos la atmósfera monocroma con la que envuelve sus temas en forma centrípeta, conduciendo la mirada del espectador como a través de un embudo visual hacia el personaje o tema central, con el que de pronto rompe la monotonía cromática aplicando algunos toques de color siempre en consonancia con el resto de la obra, sus composiciones aunque organizadas no tienen nada de convencional, Apaza se mueve en un plano de sutilezas y espontaneidades aparentes producto de un análisis en el que el peso de los elementos parecen haber sido calculados con instrumentos de precisión ya que en ocasiones la organización de estos elementos llega a ser de modulación matemática, par la exactitud con que encajan los planos que hace entrar en juego, ¿Y que decir de los recursos técnicos? Que los tiene todos, los de la técnica tradicional de la acuarela y los de su propia invención. Pues no podemos pasar inadvertido el tamaño de sus obras ya que tratandose de acuarelas con tales dimensiones esto constituye un verdadero alarde, porque como es sabido por todos esta técnica no admite ni error ni enmienda. FELICIDADES JOSÉ.

Enrique Bessonart

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